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¿Qué es la Neurradiología Intervencionista?

La innovación en el ámbito tecnológico de las imágenes y la bioingeniería ha posibilitado, en los últimos tiempos, el avance diagnóstico y terapéutico en el manejo de las enfermedades vasculares del cerebro.
La neurorradiología intervencionista constituye la especialización médica orientada al diagnóstico y tratamiento por medio de técnicas mínimamente invasivas de patologías como accidentes cerebrovasculares (stroke) en sus variantes isquémicas y hemorrágicas, incluyendo la etapa aguda de la enfermedad.
El espectro de patologías incluye aneurismas intracraneales (coiling, stenting), malformaciones arteriovenosas (embolizaciones), patología obstructiva vascular extra e intracraneal así como embolizaciones preoperatorias de tumores altamente vascularizados y patología espinal.

¿Qué es un Accidente Cerebrovascular (ACV)?

El Accidente Cerebrovascular (ACV) es una vasculopatía cerebral considerada como emergencia médica severa que compromete al tejido neuronal.

El ACV se presenta de dos maneras, una es la isquemia por la oclusión de una arteria cerebral que son aproximadamente el 80% de los casos; y la otra es el hemorrágico
producto de la ruptura de una arteria cerebral o una malformación congénita como son los aneurismas y las Malformaciones Arterio-Venosas. Cualquiera de las dos situaciones puede provocar que las neuronas se debiliten o mueran, ya que sin oxígeno las células nerviosas no pueden funcionar. Las partes del cuerpo controladas por las regiones del cerebro afectadas, consecuentemente, también dejan de funcionar.
En el simposio regional del ACV se destacó que “en nuestro país se producen alrededor de 130.000 accidentes cerebrovasculares por año. Ello significa que cada cuatro minutos un argentino sufre esta grave enfermedad que mata a un tercio de los afectados y deja secuelas de alguna discapacidad en 9 de cada 10 casos. El ACV, además de ser la segunda causa de muerte en el mundo, es la primera de discapacidad.

Factores de Riesgo del ACV

Los factores de riesgo son todas las condiciones que aumentan las posibilidades de contraer una enfermedad. En este sentido, para el ataque cerebral existen dos tipos de factores de riesgo: Tratables o modificables y No tratables o No modificables.

Dentro del grupo de los Tratables o modificables se encuentran:

- Presión arterial alta

- Cigarrillo

- Diabetes

- Fibrilación Auricular

- Colesterol Elevado

- Alcohol

- Drogas

- Alteraciones de la sangre

- Migrañas

- Anticonceptivos orales

- Sedentarismo
- Obesidad
- Enfermedad Carotídea
- Procesos Infecciosos.


Dentro del grupo de los No tratables o No modificables se hallan:
- Familiares con ataques cerebrales
- Edad
- Ataque cerebral en el pasado
- Infartos silentes en las

- Neuroimágenes

Por otra parte, los síntomas que hay que tener para saber si la persona está
padeciendo un ACV son los siguientes:

- Falta de sensación, debilidad o parálisis repentinas en la cara, el brazo o la pierna, especialmente en un solo lado del

cuerpo.

- Confusión súbita, problemas repentinos para hablar o entender.

- Problemas repentinos para ver con uno o los dos ojos.

- Dificultad para caminar, mareo, vértigo, pérdida del equilibrio o falta de
coordinación súbitos.

- Dolor de cabeza súbito y de máxima intensidad, sin causa aparente.

A pesar de todo lo expuesto, debemos destacar que existen tratamientos para el ataque cerebral, siendo fundamental reconocer los síntomas y consultar lo antes posible a un medico. Hay que resaltar que el “Tiempo es cerebro”, que cada segundo perdido son millones de neuronas que se mueren.

Por último, es necesario subrayar que el ACV puede prevenirse, tratarse y
rehabilitarse; lo importante es detectarlo y arribar a un centro de salud para ser atendido por un especialista y realizar los estudios correspondientes.

Aneurisma Cerebral y Embolización Endovascular

Desde fines de los 80´y comienzo de los años 90´, se desarrolla en Argentina
una técnica no convencional para tratar las patologías vasculares cerebrales
por medio de la vía endovascular (por dentro de las arterias). La misma se
denominó neurocirugía endovascular y luego neurorradiología intervencionista.

La mencionada metodología se expandió mundialmente, llegando a ser en la actualidad el procedimiento de elección para el tratamiento de las patologías vasculares, malformativas o no (aneurismas, angioplastias de cuello y cerebro, malformaciones arterio-veneosas, fistulas, etc.)

En consonancia con el mundo, en la ciudad de Santa Fe, desarrollamos el único servicio (en esa época) de neurorradiología intervencionista.

En estos últimos años, hemos tratado más de 2000 aneurismas por medio de
las diferentes técnicas y estrategias para el tratamiento de los mismos,
disminuyendo la morbimortalidad de las hemorragias provocadas por la ruptura aneurismática de un 85% a un 12%.

La técnica de embolización de las patologías vasculares cerebrales nos ha permitido adquirir una mayor seguridad para el paciente, disminuyendo no solo la mortalidad sino también la posibilidad de secuelas, logrando una pronta recuperación y, por último, una menor estadía en internación.

Los aneurismas se pueden producir en personas de cualquier edad, pero son
más comunes entre los 35 y 60 años. Normalmente se diagnostican entre los
30 y 40 años y son raros durante la infancia y la adolescencia. Por sexos, las mujeres tienen más probabilidades de padecerlos, con una proporción de tres a dos.

Entre los factores de riesgo se encuentran el consumo de tabaco, alcohol y el tratamiento con anticonceptivos orales. Pero hay otros factores como los genéticos, una historia familiar de aneurismas y otras enfermedades hereditarias como el síndrome de Ehlers-Danlos, la enfermedad renal poliquística y el síndrome de Marfan.

Mucho de los afectados con aneurisma cerebral viven sin que se los diagnostique. En algunos casos se producen sin síntomas manifiestos y en otras ocasiones, hay síntomas como dolores de cabeza localizados, náuseas y vómitos, cuello rígido o dolor de cuello, visión borrosa o doble, dolor sobre y detrás del ojo, pupilas dilatadas, sensibilidad a la luz y pérdida de sensibilidad.


Hace casi diez años, se inició en la ciudad de Oxford, Inglaterra, un estudio cooperativo internacional randomizado para evaluar el impacto del tratamiento endovascular de aneurismas cerebrales con hemorragia subaracnoidea (HSA), en comparación con el tratamiento quirúrgico convencional. Dicho estudio multicéntrico, más conocido por sus siglas como ISAT (Estudio Clínico Internacional sobre Aneurismas Subaracnoideos), debió ser suspendido por su Comité Director (Steering Committee) a principios del año 2002, por considerar que los resultados parciales del mismo, ya evaluados más de 2000 pacientes, indicaban disminución significativa de eventos cuando los pacientes eran tratados por vía endovascular, lo cual planteaba serios inconvenientes éticos en seguir enrolando pacientes para su randomización.


Como todos los estudios de esta índole, sus resultados han sido analizados y discutidos a nivel mundial, ya que la misma enfermedad aneurismática cerebral y su peor complicación, que es la HSA, se acompañan de una historia natural
con altísima mortalidad, y los sobrevivientes a la misma presentan importantes
secuelas psíquicas y motoras.


El tratamiento quirúrgico convencional, consiste en la craneotomía y exclusión
del aneurisma mediante clipado microquirúrgico; si bien era de práctica
cotidiana y sus beneficios con respecto a la historia natural eran contundentes,
la morbilidad y mortalidad que acompañan al método llegaron a una meseta con pocas posibilidades de mejorar.


El tratamiento endovascular de los aneurismas, habitualmente conocido como embolización, consiste en el cateterismo selectivo del aneurisma roto y su relleno con espirales de un hilo de platino, también denominado coiling, hasta ocupar la totalidad de su interior. Logrado ello, queda eliminado el flujo sanguíneo dentro del saco aneurismático y minimizada la posibilidad de una
nueva ruptura y sangrado.


El estudio ISAT ha demostrado que el riesgo de muerte o discapacidad en un
año de los pacientes tratados con esta técnica era un 26,2% inferior al de los
pacientes tratados quirúrgicamente. Mientras que los riesgos de la recidiva tras el tratamiento endovascular son más bajos (1,2 casos por 1000 pacientes/año).